«Encerrados», primera novela de la serie de thrillers psicológicos sui generis basados en soliloquios.

Sí, bajo este absurdo subgénero incluyo la serie de novelas de «Encerrados». Pero es una absurdez con cierto sentido.
Es complicado, al menos para mí, definir o clasificar las novelas que componen esta serie. Por eso, es posible que quien lea alguna acabe pensando que ni es un thriller, ni se trata, tan siquiera, de una novela. Para gustos colores.
Lo que está claro es que admite la etiqueta sui generis. Esa medalla, sin lugar a dudas, se la ha ganado. Su esquema, su(s) punto(s) de vista, la puesta en marcha de la historia y el desenlace no son, en absoluto, los habituales.
El relato de lo que ocurre lo manejan una serie de personajes atribulados que, más que hablar o contar, piensan. Un diálogo interno a la vista de todos. No se dirigen conscientemente a nadie, sino que ellos son sus propios interlocutores. Pues bien, a través de esos soliloquios, en los que esos personajes narran las peripecias que les angustian, amargan y/o preocupan, la historia avanza.
De esa forma, la aventura, los incidentes y los sucesos se cuentan por medio del pensar de los protagonistas. Todo ello conforma un puzle, un rompecabezas aparente, que se resolverá, en mayor o menor medida, con una sorpresa final en las últimas páginas.
Sí, lo sé. Todo esto suena raruno, algo así como una justificación a la inverosimilitud de lo contado. Pero, por favor, solo te pido a ti, lectora o lector, una oportunidad.
Ojalá disfrutes de la lectura. Con que te divierta la mitad de lo que a mí me ha apasionado escribirlo, creo que podremos mantener una bonita y duradera relación lector-a/escritor.
Un abrazo,
Santi Larrán